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Diego San Román abre la temporada en Mérida con una rotunda puerta grande tras cortar tres orejas

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Diego San Román abre la temporada en Mérida con una rotunda puerta grande tras cortar tres orejas

La monumental plaza de toros de Mérida dio la bienvenida a su nueva temporada con una entretenida y concurrida tarde en la que se cubrieron tres cuartos de aforo. El triunfo absoluto llevó la firma del queretano Diego San Román, quien deslumbró a los tendidos gracias a una demostración de absoluta quietud, valor y firmeza para cortar tres orejas y alzarse como el gran triunfador del festejo inaugural.

El cartel, que despertó una gran expectación en los papeles, respondió con pasajes de torería y entrega por parte de la terna. Sebastián Castella abrió plaza con un astado noble pero medido de fuerzas, ante el que optó por abreviar y cuidar las embestidas sin lograr redondear la faena, marchándose de vacío tras matar de estocada caída. Con su segundo, un oponente tardo y remiso que punteaba constantemente, el torero francés tampoco encontró opciones pese a alargar el trasteo con voluntad, volviendo a pecar con los aceros.

Por su parte, el hidrocálido-yucateco André Lagravere "El Galo" tuvo que remar contra corriente con un lote deslucido. Su primero, flojo pero noble, le permitió poner disposición y variedad para agradecer a sus paisanos, mientras que su segundo se convirtió en una auténtica prueba de fuego: un animal incierto y deslucido que acabó haciendo hilo y propinándole una aparatosa voltereta sin consecuencias físicas. Regaló un astado extra para buscar el triunfo ante su afición, pero la sosura del animal frustró el empeño, siendo despedido con una calurosa ovación.

La apoteosis de la tarde llevó el sello de Diego San Román. El queretano pisó fuerte desde su primer turno frente a un oponente con movilidad y boyantía. Tras unas ajustadas gaoneras, cuajó una labor de infarto, acortando distancias, metiéndose en los terrenos de máxima exigencia y luciendo un valor inquebrantable que le valió el corte de una oreja con fuerte petición de la segunda. El triunfo rotundo se rubricó con el sexto, un toro imponente de seiscientos kilos y gran altura. San Román volvió a tragar con firmeza las malas embestidas iniciales hasta dominar al burel, cuajando tandas de extraordinario trazo que enfervorizaron a los tendidos. Tras un certero espadazo, paseó las dos orejas y selló su triunfal salida a hombros.

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